La rentabilidad de las cosas pequeñas

Hay retornos que hacen ruido.

Y hay retornos que hacen trabajo.

No siempre coinciden.

En este mundo casi todo gira alrededor de lo mismo: encontrar la gran historia, la empresa que nadie ve, el gráfico que un día despega y te regala un x3.

Y sí, claro que eso existe.

A mí también me gusta rebuscar en ese barro.

Me gusta encontrar valor donde otros solo ven problemas.

Pero hoy no vengo a hablar de eso.

Hoy vengo a defender algo mucho menos vistoso.

Una rentabilidad pequeña.

Bien pensada.

Bien protegida.

Y, sobre todo, repetible.

Porque un 2% no siempre es “solo” un 2%.

Depende de dónde salga, de cuánto tardes y de lo que te juegues para conseguirlo.

Ese matiz cambia mucho la película.

El mercado nos empuja a mirar solo el porcentaje, como si el número, aislado, lo dijera todo.

Pero no lo dice.

No es lo mismo ganar un 8% dejando abierta la puerta a una caída seria, que rascar una rentabilidad más modesta en una situación bastante controlada.

No es lo mismo esperar un año entero a ver qué pasa, que encontrar un retorno razonable en pocos meses y poder volver a poner ese dinero a trabajar.

Y esta forma de pensar no tiene nada de nueva.

Buffett ya jugaba a cosas parecidas en sus primeros años, cuando hablaba de los work-outs. No era el Buffett de la gran marca eterna. Era el Buffett que buscaba situaciones especiales donde el retorno dependía más de una estructura concreta que de acertar con el humor del mercado.

Eso siempre me ha parecido interesante.

Porque te obliga a mirar la inversión de otra manera.

No tanto como una historia bonita, sino como una ecuación:

¿Qué puedo ganar?
¿Qué puedo perder?
¿Cuánto tiempo necesito?
¿Y de qué depende realmente el resultado?

A veces, con ese enfoque, lo pequeño empieza a parecer bastante más grande.

Además, este tipo de oportunidades no suelen aparecer en las mega caps.

En las grandes está todo demasiado mirado.
Demasiados ojos.
Demasiado capital.
Demasiada eficiencia.

Ahí cuesta mucho encontrar rincones raros.

En cambio, en el territorio small cap todavía hay niebla.

Y donde hay niebla, a veces hay precio.

A veces hay desajustes.
A veces hay pereza.
A veces hay situaciones especiales que el mercado trata de forma torpe o directamente ignora.

Eso no te pasa comprando Tesla o Microsoft.

Eso pasa aquí.

En el territorio small cap.

Por eso me gustan tanto estas zonas del mercado.

No solo por la posibilidad de encontrar una empresa que un día se multiplica.

También por estas otras jugadas más discretas.

Más aburridas.

Más sobrias.

Las que no impresionan demasiado cuando las cuentas, pero luego, bien sumadas, sí se notan en la cartera.

Últimamente estoy viendo bastante de eso en las SPACs.

Ya sé que no suena glamuroso.

Mejor.

A mí no me interesa ese mundo para buscar la próxima gran historia. Me interesa porque, en algunas situaciones, te permite construir operaciones con una caída muy controlada y un retorno razonable si entiendes bien el terreno.

Hace poco, por ejemplo, compré un poco de BAYA a 11,66 dólares y la vendí ese mismo día 24 céntimos más arriba.

BAYA spac

Visto rápido, parece poca cosa.

Y lo es, si te quedas solo con el titular.

Pero ese es precisamente el error.

Mirar solo el titular.

Porque la rentabilidad no se debería leer sola, se tiene que leer junto al riesgo.

Y junto al tiempo.

Y junto a la tranquilidad que te deja por el camino.

Porque dormir tranquilo también forma parte del retorno.

Igual que importa mucho no tener que atravesar una caída del 30% solo para aspirar a una rentabilidad que, luego, ni siquiera sabes si llegará.

A veces una operación buena no es la que más deslumbra.

Es la que mejor equilibra retorno, tiempo y protección.

La que no te obliga a adivinar demasiado.

La que no depende de que el mercado se vuelva loco a tu favor.

La que simplemente está bien planteada.
Hay retornos que hacen ruido.

Y hay retornos que hacen trabajo.

No siempre coinciden.

En este mundo casi todo gira alrededor de lo mismo: encontrar la gran historia, la empresa que nadie ve, el gráfico que un día despega y te regala un x3.

Y sí, claro que eso existe.

A mí también me gusta rebuscar en ese barro.

Me gusta encontrar valor donde otros solo ven problemas.

Pero hoy no vengo a hablar de eso.

Hoy vengo a defender algo mucho menos vistoso.

Una rentabilidad pequeña.

Bien pensada.

Bien protegida.

Y, sobre todo, repetible.

Porque un 2% no siempre es “solo” un 2%.

Depende de dónde salga, de cuánto tardes y de lo que te juegues para conseguirlo.

Ese matiz cambia mucho la película.

El mercado nos empuja a mirar solo el porcentaje, como si el número, aislado, lo dijera todo.

Pero no lo dice.

No es lo mismo ganar un 8% dejando abierta la puerta a una caída seria, que rascar una rentabilidad más modesta en una situación bastante controlada.

No es lo mismo esperar un año entero a ver qué pasa, que encontrar un retorno razonable en pocos meses y poder volver a poner ese dinero a trabajar.

Y esta forma de pensar no tiene nada de nueva.

Buffett ya jugaba a cosas parecidas en sus primeros años, cuando hablaba de los work-outs. No era el Buffett de la gran marca eterna. Era el Buffett que buscaba situaciones especiales donde el retorno dependía más de una estructura concreta que de acertar con el humor del mercado.

Eso siempre me ha parecido interesante.

Porque te obliga a mirar la inversión de otra manera.

No tanto como una historia bonita, sino como una ecuación:

¿Qué puedo ganar?
¿Qué puedo perder?
¿Cuánto tiempo necesito?
¿Y de qué depende realmente el resultado?

A veces, con ese enfoque, lo pequeño empieza a parecer bastante más grande.

Además, este tipo de oportunidades no suelen aparecer en las mega caps.

En las grandes está todo demasiado mirado.
Demasiados ojos.
Demasiado capital.
Demasiada eficiencia.

Ahí cuesta mucho encontrar rincones raros.

En cambio, en el territorio small cap todavía hay niebla.

Y donde hay niebla, a veces hay precio.

A veces hay desajustes.
A veces hay pereza.
A veces hay situaciones especiales que el mercado trata de forma torpe o directamente ignora.

Eso no te pasa comprando Tesla o Microsoft.

Eso pasa aquí.

En el territorio small cap.

Por eso me gustan tanto estas zonas del mercado.

No solo por la posibilidad de encontrar una empresa que un día se multiplica.

También por estas otras jugadas más discretas.

Más aburridas.

Más sobrias.

Las que no impresionan demasiado cuando las cuentas, pero luego, bien sumadas, sí se notan en la cartera.

Últimamente estoy viendo bastante de eso en las SPACs.

Ya sé que no suena glamuroso.

Mejor.

A mí no me interesa ese mundo para buscar la próxima gran historia. Me interesa porque, en algunas situaciones, te permite construir operaciones con una caída muy controlada y un retorno razonable si entiendes bien el terreno.

Hace poco, por ejemplo, compré un poco de BAYA a 11,66 dólares y la vendí ese mismo día 24 céntimos más arriba.

Visto rápido, parece poca cosa.

Y lo es, si te quedas solo con el titular.

Pero ese es precisamente el error.

Mirar solo el titular.

Porque la rentabilidad no se debería leer sola, se tiene que leer junto al riesgo.

Y junto al tiempo.

Y junto a la tranquilidad que te deja por el camino.

Porque dormir tranquilo también forma parte del retorno.

Igual que importa mucho no tener que atravesar una caída del 30% solo para aspirar a una rentabilidad que, luego, ni siquiera sabes si llegará.

A veces una operación buena no es la que más deslumbra.

Es la que mejor equilibra retorno, tiempo y protección.

La que no te obliga a adivinar demasiado.

La que no depende de que el mercado se vuelva loco a tu favor.

La que simplemente está bien planteada.

Yo sigo buscando grandes historias cuando aparecen.

Eso no cambia.

Pero cada vez respeto más estas rentabilidades pequeñas.

Las que parecen humildes.
Las que no te hacen sentir brillante.
Las que no sirven para presumir.

Precisamente por eso.

Porque suelen estar más cerca del trabajo bien hecho que de la fantasía.

Y, bien encadenadas, pueden construir algo muy serio.

De hecho, dentro del Desafío 2.0 explico como bonus una estrategia sencilla con SPACs que va bastante por ahí.

No es una estrategia sexy.

Es más bien de las aburridas.

Pero justamente por eso me gusta: bien llevada, puede aspirar a darte algo así como un 8%-9% anual controlando muchísimo las caídas, sin comerte por el camino esos bandazos fuertes que muchos aceptan como normales por estar en el índice.

No lo digo como venta.

Lo digo porque creo que solemos infravalorar este tipo de cosas.

Nos atrae demasiado lo brillante.

Y a veces, en inversión, lo brillante sale caro.

En cambio, lo sobrio, lo poco emocionante, lo que parece casi demasiado simple, muchas veces acaba siendo más útil de lo que parece.

No siempre hay que encontrar oro.

A veces basta con recoger buenas monedas del suelo.

Y cuando haces eso sin exponerte demasiado, con paciencia y con cabeza, descubres algo interesante:

que muchas grandes rentabilidades empiezan por aprender a respetar las pequeñas.

Hablamos,

Gaizka

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